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Pregón de la Feria Real de Porcuna 2014, por Marcial del Pino Chiachío

Posted by deporcuna en 7 septiembre 2014

Pregón de la Feria Real de 2014

Señor Alcalde, Comisión de Festejos, autoridades y demás ciudadanos del pueblo. Es un gran honor, me llena de orgullo y satisfacción el que se haya confiado en mí persona para efectuar el pregón de la Feria Real en esta ocasión, tanto por la solemnidad e importancia que este acto tiene de por sí, como por el hecho de ser un año muy especial y entrañable, debido a que ha sido coronada, entre la emoción, el orgullo y la ilusión, nuestra Madre Maria Santísima de Alharilla.
Enfrentarse a un pregón genera muchas emociones y dudas. Emociones por las cosas entrañables que se rememoran, piensan y quieren expresar. Y dudas, por si acaso las palabras elegidas no transmiten lo que se desea. Aparece así la pregunta sobré qué hablar y qué decir sin caer, inevitablemente, en cosas ya dichas, porque no ser de los primeros tiene eso; repetir algunas vivencias pregonadas anteriormente. También inquieta saber si terminará gustando la proclama de las fiestas. A este respecto no queda otra que decantarse por uno de los muchos caminos que salen en esta travesía y, si es necesario, arriesgar abriendo uno nuevo. Sea como fuere mi deseo es que todos ustedes me sepan acompañar con los cinco sentidos en este que ya he tomado. Y qué por ser un camino, tendrá sus baches, sus piedras, sus descansos y bifurcaciones, sus buenos momentos y final.
Pregonar el inicio de las fiestas de la Feria Real supone para mí, necesariamente, revivir distintos universos que convivieron a la misma vez que este deseado evento, cómo ha de convivir la planta con su tierra. Estos “Mundos” conforman cada etapa de mi vida y son un legado muy particular. Dentro de esos universos, estimo más los de mi niñez. porque es la etapa en los que se producen los mejores descubrimientos y sensaciones, esas que nunca se van.
Uno descubre que hay un mundo de frescas y relucientes paredes de cal, llamado casa, más allá de la cuna y que dentro de la casa hay unos niños que juegan y comparten contigo, a los que quieres mucho sin saber por qué y a los que llamas hermanos Marisa y Juan Francisco, sin vaticinar que a los pocos años conocerás a Manuel Jesús, mi otro hermano. Vives arropado por otras dos personas muy importantes a las que no sabes que le has hecho para que te cuiden, quieran y protejan tanto: mi padre Juan y mi madre Julia a quienes dedico este pregón. Y por supuesto, las abuelas Amparo y Luisa (que por entonces ya son viudas). También conoces otros familiares llamados tíos y primos que vas metiendo en tu aún diminuto mundo poco a poco, a medida que asimilas los parentescos y entablas relaciones de fuerte cohesión. Descubres que en el corral de casa hay gallinas ponedoras y en la pocilga un cerdo que desperecerá a las pocas semanas y por el que preguntarás durante mucho tiempo, porque el pobre animal te caía bien. Que al abrir la puerta de casa se revela un espacio mucho mayor de hogares de blanco y gatos sobre sus tejados, hilos de cobre desnudo llevando la energía eléctrica; alumbrado pobre de lámparas de incandescencia y el aura sonora de los insectos voladores. Las casas están separadas por un suelo embachado, de adoquines de piedra viva. A ese mundo lo definen como calle Aviador Aguilera y en ella habitan variopintas personas con el alias común de vecinos, que son en esencia otra familia sin la unión de la sangre. La calle bulle de vida y padece de un mal llamado alegría, está llena de niños inquietos, traviesos y juguetones que al llegar a los catorce, si no antes, perderán para siempre esa condición de niños; recuerdo como transitaban los lentos rebaños de cabras y ovejas, en un mundo sin prisas ni complicaciones existenciales, dejando su rastro oloroso sin que eso fuese un problema; los hombres del campo, con sus mulos, unas veces cargados de aperos, otras de serones atiborrados de melones, volvían cansados y con gesto feliz. Entonces estabas limitado a sentarte en el escalón de casa y observar, con el pan con aceite y azúcar de merienda, para luego dar unos cuantos pasos y entrar a la casa de la abuela Amparo, que era como una galaxia muy acogedora, donde tenías nuevos espacios de juego en otro patio, bajo la sombra natural de esa densa parra que daba tan buenas uvas y albergaba un temido panal de avispas que pronto eliminarían, Con el tiempo, a medida que te atreves a ir mas lejos, sobrepasas los limites del universo de la empedrada calle y la galaxia de la abuela Amparo y te sumerges en el árido lejío. Y ese lejío, arteriado de múltiples veredas, que no es de nadie pero acoge a todos, es otro cosmos más donde derramas las horas y desarrollas las fantasías en escondites que todos ven, fabricando mundos imposibles y jugando a ser mayor con otros niños que se llenan de barro despreocupadamente, tocan todo tipo de objetos sin tener muy claro qué son las bacterias, se lanzan piedras y practican juegos un tanto violentos. Ni a tí ni a esos niños os asusta el peligro porque no sabemos que existe, ya que las noticias de accidentes, secuestros y otros infortunios nunca llegan al pueblo. Y así uno va creciendo feliz e ignorante ampliando horizontes -de ahí la felicidad- de lo que es la vida. Esa época parece eterna porque cumplir un año es una proeza de perseverancia y es que los días son lentos como tortugas gigantes, a pesar de dedicarlos completamente al juego. Curioso, Los dineros parece echarlos los árboles.
En ese mundo en continua transformación, el lejío se va convirtiendo lentamente en más casas; el huerto de Carita en una piscina; los campos de trigo que rodean el cuartel de la guardia civil en un colegio publico y poco a poco los espacios de juego desaparecen a la misma vez que descubres más universos porque ya te atreves a ir a calles más lejanas, a la huerta del Comendador, al Sulfuro en busca de “arrezuz”, vuelves casi de noche sin saber que llevan horas buscándote y te espera una buena reprimenda.
En definitiva, ese mundo se va abriendo más a la misma vez que desaparecen, por cuestiones de avances de la humanidad, los animales de las casas, el olor de la matanza, del trigo y la cebada maduros, la matalauva almacenada en la cámara donde comparte espacio con las tinajas de aceite, las ristras de ajos, las secas cáscaras de naranjas. Y también los avances parecen disipar un poco una esencia de bienestar, unión y fraternidad porque se rompe cuando un vecino compra un televisor en color o instala una piscina y ves que se aísla en su propio hogar. Y te preguntas ¿por qué? Y es un por qué que no dura mucho en la mente infantil ya que es un mal poco común y lo importante es el juego, incluso en la horas de siesta, en el estrenado acerado, rompiéndote la mano para conseguir ganar a los santitos, mientras ensucias la cal de la fachada de la vecina con los pies. Luego vuelves a casa arruinado de esos cartoncillos que para ti valen más que el oro, muy consternado; pero con ganas de revancha y convences a tu madre para que vacíe la caja de cerillas en una bolsa de plástico y así tener un poco más de crédito. La vida avanza amable. Llega el agua corriente y desaparecen los cántaros. Llega el aire acondicionado y desaparecen los vecinos tomando el fresco en la calle y ese soniquete del “buenas noches” y el “con dios” que parece no terminar en una calle que ves larguísima. Construyen algunos pisos y parece se desvanecerse ese peculiar sentido de la vecindad hasta que un día descubres que todos se unen y funden para hacer honor, con bonitos adornos, al paso nuestra madre la virgen de Alharilla.

ENTONCES YO ME DIGO: ¡¡VIVA LA VIRGEN DE ALHARILLA!!

Se levanta una y otra vez la calle para dotarla de instalaciones y desaparecen esfuerzos milenarios de la vida cotidiana, de esos que nos hacían más prácticos y ahorradores en recursos; más sencillos, empáticos con la dificultad ajena. y humildes. Aun así, en esos instantes uno se encuentra en un Universo grato y acogedor llamado Porcuna.
Y entre medias ha estado la escuela y los estudios, que te hablan de otros mundos, de proezas, de bellezas arquitectónicas y formaciones geológicas que el maestro asegura haber visitado y tu te preguntas, cándidamente ¿Qué necesidad hay de salir de aquí si esto es lo mejor? Y no sabes explicar por qué el universo llamado Porcuna es lo mejor que hay para ti, de la misma forma que no sabes explicar por qué ser español es algo tan divino, tan de estar orgulloso. Te lo transmitió tu padre aduciendo la invencibilidad de las tropas españolas, tus hermanos lo sienten y trasmiten, tus maestros refieren las épocas de esplendor, tus vecinos se emocionan con la bandera y con saber que un español, puntualmente – antes era así, puntualmente ´- ha realizado una proeza sin igual .Y crees que todas las personas y todas las cosas son iguales. Te sigues imaginado entonces a una España calurosa en todos sus puntos cardinales, cuyas calles están atiborradas de esos vecinos campechanos, de buena gente, que toman el fresco y a los que hay que saludar.
Con el tiempo el pueblo y sus sonadas fiestas se quedan pequeños porque la curiosidad es fuerte y la evolución, una necesidad vital, un indicador positivo de crecimiento personal. La carrera que has superado, alternada y compartida con el trabajo, te pide un cambio, una nueva identidad, ser individual, desarrollar un trabajo que te apasiona, ganar en autoestima y subir el ego. El dinero ya ha de echarlo un árbol nuevo, que curiosamente, en mi caso se llama como yo: Marcial, y ese árbol, con raíces que se niegan a ceder ante esta fuerza desmesurada, ha de ir a otros lugares, que al fin y al cabo son otros universos que te espabilan del aturdimiento y te disipan los ojos de una suave ceguera, Entonces ves al pueblo de una sencillez enorme y parece que es un mundo limitado que ya no te aporta nada y quieres ampliar los confines del cosmos conocido. Conoces el amor verdadero, que es el más grato de los universos, y viajas, viajas, respiras aires nuevos, engulles paisajes insólitos, conoces formas de pensar y hablar y sentir distintas, te regeneras y cargas las pilas. Descubres así una España tan variada y bella, de tan distintos gustos y opiniones que terminas por respetar a todos sus ciudadanos porque la diversidad nutre y enriquece a las personas y, sobre todo, porque los andaluces somos así; despreocupados y abiertos. Inmerso en crecimientos personales por conocer y descubrir, de querer alejarte más de lo que es tuyo, ya empiezas a visitar y a empaparte de los países limítrofes, te das cuenta de que las verdaderas fronteras están en la mente y te planteas cruzar charcos que eran impensables en esa niñez de pequeños universos que te marcaron tanto.

Pero al final, se produce esa involución positiva, lentamente, tras la meditación, la nostalgia, la necesidad humana y la fuerza interior que te guía. Terminas por querer volver, por pasear por las calles a distintas horas, con distintas luces y ecos, ver como evolucionan. Observas caras nuevas de jóvenes a los que adivinas sus parentescos a la misma vez que hechas en falta las personas que ya se fueron Aprecias detalles en los que antes no habías caído, hasta en cada piedra y cada brizna de hierba del que siempre fue, ha sido y será tú hogar. Será porque los recuerdos, irresumibles en unas hojas, pesan como un lastre amable que te devuelve seguro a esta tierra firme de la campiña jienense, después de haber estado montado en el globo de la aventura. Eso si, el globo se aparca, pero no se recoge.
Y claro, desde la nostalgia, desde la lejanía oyes la llamada de otro universo fabuloso de guirnaldas, de estridentes sirenas, densos bullicios, luces de incandescencia coloreadas al que ibas en volandas, que creció, te acompaño y se extendió desde que tenías conciencia, con alegría. Ese Universo se llamaba y llama Feria. Primero recuerdo la Feria y Romería de Alharilla, luego, a un tiempo que de pequeño parecía infinito, la Feria Real de cabezudos, actuaciones en la caseta improvisada de cañizos y henchida de atracciones, buhoneros, puestos de tira pichones en los que aprendías, en una lección acelerada, que si le acertabas a la diana de la mano negra la mano negra te daba a ti.
Si, pensándolo bien, la Feria real ha sido para mi otro Universo, muy vivo, esperado y deseado con impaciencia desde siempre, tanto, que antes, para mí los años terminaban o empezaban, más que en Navidad, el tres de septiembre, con un sonoro ¡Ay! flamenco. La Feria Real: Un mundo mágico, cambiante, tanto en las atracciones, las casetas en sus apogeos o declives, las actuaciones como en la forma de vivirla y disfrutarla, porque cada edad y situación personal ofrece un disfrute que hay que saber distinguir y aprovechar, desde el emocionante descubrimiento como niño aferrado a un caballito desde el que no hay manera de que te despeguen, los momentos alocados de adolescente, los primeros intentos de ligoteo espoleados por la música y la algarabía generalizada y los ya cada vez más sosegados y disfrutados plácidamente. Nostalgia se siente cuando se recuerda la impaciencia con la que se esperaba esta feria por entonces, cuando circos y teatros eran más usuales y traían ese oxigeno y un poquito de modernidad y sus propias leyendas. En la Feria Real tuve mi primera rabieta por esa inofensiva espada que, en la imaginación de mis cinco años, serviría para vencer a todos los enemigos de esta España que ni conocía ni comprendía. Y la espada me costó muchas llantinas y alguna manotada en las posaderas pero el premio vino el último día. Tanto esfuerzo me costó que la aprecié y conservé por mucho tiempo y creo qué esperé hasta otra feria para tener uno de esos caprichos que se hacían imposibles en una familia con cuatro hijos y un futuro incierto. En la Feria Real aprendí que las barquillas no se movían por arte de magia y que el payaso del tren de la bruja también tenía mal humor cuando los “chivatones” compinchados le devolvían su propia medicina con propina. Y que el hombre del tío vivo conocía a mi padre porque era el transportista elegido para mudar la atracción de pueblo. Eso me hacía sentir a mi muy importante. Gracias a la Feria Real, esos días, en casa se respiraba un ambiente festivo, la casera blanca a repartir para cuatro, vigilando que el repartidor no se aprovechara, se transformaba en una caja de Fanta de naranja y otra de coca-cola, compradas a Juan pedro Sánchez. Entonces sabían de una manera muy especial,. Se comían gambas y se iba a los toros por las tardes dentro de una marea de gentes y luego a la noche se volvía a pagar con placer el tributo de las mil buenas noches y el con Dios, tanto en la ida y en la vuelta, a esos ojos de cansados ancianos y ancianas que dejaban el disfrute para nosotros
Los universos tienen eso, crecen, mejoran y cuando parece que mejor no pueden ser, se producen transformaciones que son producto de los cambios generacionales y técnicos. Esos cambios en el ferial los he visto a medida que ampliaba universos. Muchos de esos años desde la perspectiva de la bandeja, trabajando con codo con toda mi familia, en el Gory, que era bar alegre, juvenil, campechano, donde conocí a mucha y buena gente que terminaron siendo amigos. En estas ferias, agotado por el trabajo muchas noches, solo me quedaba el consuelo de escuchar una nana a las seis de la madrugada, como final del baile de la píldora, aquella canción que solo volvería a tocar su autor el día que fuera derribado el muro de Berlín (el muro de Pink Floid); o tal vez era otra la canción, ¿ de tríana o de Mark Nofler? Los recuerdos musicales de las canciones de feria que triunfaban, a veces se mezclan como verduras en una ensalada y en esa confusión dan mejor sabor a la esencia que perdura en la memoria de las ferias pasadas.
Y en eso de los universos estamos ahora, escribiendo de tarde en tarde un cachito de mundo inventado, en sencillos relatos que algunos de ustedes me aceptan. Así, con ese esfuerzo de escribir se conoce y se estiman los universos de otras muchas personas de Porcuna, como la del cronista del pueblo, Antonio Recuerda Burgos que nos sumerge con sus descubrimientos, en épocas pasados, rescatando la historia altruistamente y nos demuestra que ésta siempre fue tierra gloriosa con un rico patrimonio. Está la nutrida literatura, casi metafísica. de Luís Emilio, otro luchador incansable en la defensa del patrimonio, prolífico en obras de arte de diversa índole y siempre apasionadas reivindicaciones del mundo ibero. Alfredo González con sus preciosas estampas, poesías con alma y ensayos que rescatan y dejan en el paladar de la memoria la esencia de la historia popular del pueblo más reciente. Y están los componentes del grupo “Arquito”, no menos incisivos y preocupados. Y así podría nombrar a muchos más, como grupos de teatros, bandas de música, grupos carnavaleros, el pintor José Maria Recuerda y también Isidoro de la Rosa. Otros buenos pintores, artesanos y ensayistas y artistas como cantantes. Todos son constantes creadores de nuestro nuevo patrimonio al que el tiempo y otras perspectivas darán merecido lugar y a los que yo doy estas líneas de ánimo y agradecimiento.
Como rezan los carteles de un conocido tratante del pueblo: Así me trates, así te trato. el patrimonio nos trató, por no ser conscientes de lo valioso que teníamos; y es que no hay peor castigo que sumir en el desconocimiento y la ignorancia a quienes te destruyen . Y digo esto, porque esta Feria Real es también nuestro patrimonio. Es mundo, hábitat de cuatro días, llegada de parientes y amigos deseosos de compartir unos momentos y sobre todo una heredad no tangible pero de gran valor, que debemos saber tratar bien para ser correspondidos mejor. Es también ese: Hola, ¿cuanto tiempo sin verte? Y la respuesta de; Vine porque este año, pasara lo que pasara, necesitaba vivirla y ver a mi gente La Feria Real, no se nos olvide, es un ser vivo que necesita de otros seres vivos. Es como un árbol mágico en el que, al sonido del primer cohete, las aves son atraídas para posarse y anidar en sus ramas. La Feria Real es un órgano vital del pueblo, una bocanada de aire fresco que nunca necesitó de botellones, y que como a todos los órganos, hay que cuidarlos y mimarlos para no condenarlos a una cirrosis de indiferencia porque o si no los cimientos culturales y sociales del pueblo empiezan a resentirse. La Feria ha de ser motivo de esa involución positiva donde se recuperen y transmitan sensaciones antañas y en el que volver a ella sea un acto de aprecio e íntimo respeto hacia nuestro propio ser.
Al hacer el pregón. Que superó ya el meridiano y va encontrando el final, recordé como el año pasado tuve la suerte y oportunidad de escuchar y compartir muchas risas con el que hiciera Casto Herrador. Casto, en ese ser suyo que deseamos que no cambie nunca, bromeó mucho y, según creo recordar, echó mano a todos cuantos programas de fiestas pudo encontrar para hablarnos muy agradablemente de aquellas ferias y de casi cientos de personas; la de nuestros padres y la de nuestros abuelos. En un intento de emularlo (vamos de intentar copiarlo), yo también indagué en múltiples programas. Casto, te llevaste para tu pregón las mejores ideas que quedaban y con mucha cabeza. Eso no se hace, hombre. Ahora, eso si, una cosa no me podrás negar nunca, que es la de leer un pregón desde más altura.

(Gracias Alfredo y Casto por acompañarme y vuestros magníficos pregones de pasados años)

Como en todo camino que se toma, siempre sale una vereda, yo tomé una y me encomendé a San benito por si encontraba algún tipo de actividad o de concurso que pudiera instaurarse para la Feria Real. Me topé así con una muy buena idea que puede hacerse tan famosa como esa de que veintidós hombres o mujeres corran tras una pelota y desde luego parece mas excitante que estar todas las noches de feria bebiendo sin parar tras los servicios, ignorando el esfuerzo enorme que conlleva a toda la sociedad organizar las fiestas. Con esta ocurrencia podríamos hacer de nuestra feria un lugar de peregrinación a nivel mundial. Esta es de mi tío José del Pino García y se llama: Carrera de chuletas. Ya se que ustedes dirán: En estos momentos del pregón, Marcial empieza a emborracharse de palabras y de ideas. Si, lo reconozco, bebo de las palabras como se bebe del vino, también para eso son las ferias, para desprenderse de la chaqueta del formalismo. Y si no se puede abusar en estas fechas ¿Cuándo entonces?
Mi tío José, a quien nombro justamente pregonero honorífico de mi pregón, es otra de esas personas entrañables que con su esfuerzo e ilusión realiza escritos serios y divertidos, que son su universo, su íntimo legado y patrimonio cultural. Sus poesías nos hablan un poco, con una gracia irónica e innata, de esa vida que le tocó vivir. También es una persona que gusta de “la broma” sin por ello faltar al respeto, por eso escribió esto que les voy a leer con todo mi afecto y que espero que ustedes sepan acoger con un gesto entrañable como la pequeña broma que es, como una copa de vino que alegra el corazón. Se que mi tío daría lo que fuera por sentirse seguro de su memoria para interpretarla y darle toda la gracia. Yo haré lo posible.

CARRERA DE CHULETAS

Como soy glotón nato/y no cuido mucho mi estética os dirijo un relato de una carrera loca, loca de chuletas/
Miren ustedes si esta carrera es loca/que no se necesita ni coche, ni moto ni bicicleta para llegar a la meta.
Para llegar a la meta/ es imprescindible/ que haya veinte chuletas/ aderezadas y dentro del plato/

Me he comido una chuleta / y he sentido un gran placer/ ¿Qué placer no voy a sentir cuando me coma dos o tres?/Si al comerme cuatro o cinco no me saturo/ con la de seis me comeré la de siete/ y la de ocho/ porque no me lo reprocho/ aunque vaya ya por la de ocho/ Con ese instinto de placer y de arrebato / me inclino de nuevo al plato/ y me como la de nueve y la de diez/ en veinte está fijada la meta.

/ Qué cosa tan inoportuna/ al recordarme que tengo la gota/ que estoy a dieta/ me ha bajado la ilusión y la alegría/ no quiero entrar en melancolía/ y me pregunto y me digo/ ¿Cómo lo voy a dejar para otro día si un día es un día?/

Sin más titubeos /me revisto de valor/ y me las como de dos en dos/

Ya he degustado la de doce y la de catorce/ y como no cesa el placer/ la de dieciséis, y dieciocho también me las voy a comer/ Mis fans me aplauden y animan/ Adelante campeón/ que de cordero lechal son/ Ánimo que queda poco para la meta/ Ovaciones y aplausos/ comentarios sorpresivos/ ¡qué carrera tan extraña y loca! / si no vine ni en coche ni en moto ni en bicicleta/ Entro andando/ traspasando la línea de meta/ haciéndole el afilador a las dos últimas chuletas/ vivan las chuletas de palillo de cordero lechal/ Y ya está.

(Como he visto que muchos pregones tienen una componente humorística y yo no soy muy dado a eso decidí adueñarme de este divertido escrito de mi tío. Gracias tío José)

Si estamos en Feria, ¿como no tomar otra copita de vino o de palabras? Tal vez con esta penúltima copa, ya ebrio, meta la pierna en algún charco del camino, diciendo alguna verdad que me sepan perdonar y ésta es que todos estos días de atrás, me he encontrado con muchos familiares, personas amigas y conocidas, que se han acercado a mí para felicitarme y animarme con la elaboración del pregón, presuponiendo una digna actuación. Muchos aseguraban que algo bueno y grandioso se me ocurriría. Unos me decían que algo corto y simpático quedaría bien, Otros preferían algo entrañable. Al final solo me ha salido esto. A todos ellos, que sois Vosotras y Vosotros, os agradezco con todo mi corazón ese apoyo sincero y comprensivo. Sois el verdadero motivo y la más noble razón de esa regresión verdadera, de ese volver a querer ser y sentir el pueblo, sus vientos y sus fiestas. De este pregonar al aire sabiendo que las palabras son recolectadas. Gracias a todos
Y me tomo otra copita de palabras, abusando ya, para decirle una cosa seria al alcalde. Gracias señor alcalde por confiarme esta responsabilidad, grata, emotiva, e ilusionante. Al principio me costó aceptar, tal vez por el pánico escénico, pero comprendí que no podía romper esa confianza y que debía de aportar mi granito de arena, a mi manera (también lo he considerado como una forma de homenajear a mis padres). Desde aquí animo a la persona que sea elegida el próximo año para que acepte coger el testigo de esta carrera de relevos, sin hacer esperar mucho a quien desde la buena intención te lo ofrece, porque es una experiencia bonita y una noble distinción.
Ahora tomo ya la espuela, señor alcalde, para decirle que el pregón que me confió ya solo tiene la vida de las diez líneas que restan El corazón de este Universo, llamado Feria Real, vuelve a agitarse como el de una moziquilla. Escucha con coquetería el rugido de las sirenas y las pegadizas melodías de las casetas: Busca, sin saberlo, ser pretendida Los pies siguen el ritmo de la música, las doloridas posaderas piden moverse, la gargantas precisan de la humedad que aporte algún bondadoso líquido y los labios quieren sonreír, Volvamos a imaginariamente a esa niñez y no nos soltemos de la barra del caballito, quitémosle la escoba a la bruja del tren, balanceémonos en las barquillas para que no paren, llenemos los labios de algodón de azúcar y con nuestras espadas de plástico, ganadas a fuerza de insistir y que se doblan con un solo suspiro, enfrentémonos a este grato reto. Solo me queda proclamar el inicio de las fiestas deseando su disfrute. Empiecen ya-

! Viva la Feria Real! !Viva San Benito!. ¡Viva la Virgen de la Soledad.! ¡Viva la Virgen de Alharilla!

Gracias

————o0o———–

Si quieres, puedes escuchar el Pregón en audio (mp3), grabado por Sonido Gory, con la presentación del Alcalde, en siguiente enlace: https://app.box.com/s/ki13l5jtupf6kghlwxw9

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2 comentarios to “Pregón de la Feria Real de Porcuna 2014, por Marcial del Pino Chiachío”

  1. Marcial said

    Gracias al pueblo de Porcuna por acompañarme esa noche.

  2. Marcial said

    Gracias a todo el pueblo de Porcuna

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Isabel Jalón Rojas

coastal physical oceanographer

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