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Enriqueta Callado festeja sus 101 años rodeada de toda su familia

Posted by deporcuna en 11 diciembre 2013

Una larga vida dedicada al trabajo. La porcunense Enriqueta Callado Quero cumplió ayer 101 años, aunque la celebración fue el pasado sábado para que así estuvieran presentes la totalidad de su numerosa familia.

No todo el mundo celebra 101 años y, muy pocos, disfrutarlos de manera plena. Rodeada de su inmensa familia, entre los que se encontraban sus 5 hijos, 11 nietos y 18 biznietos (solo faltaron sus 3 nietos y 4 biznietos que residen en Barcelona), medio centenar de personas festejaron, en la cochera de su hijo Francisco, sita en la calle Silera, no solo el centenario cumpleaños de Enriqueta, sino el ejemplo de energía, tesón y vitalidad de esta mujer, que con una salud de roble y con una memoria prodigiosa, ha dedicado toda su vida al trabajo para sacar adelante a su familia.

Fue una fiesta sorpresa, ya que la homenajeada no se esperaba tan ajetreado día, que comenzó con una comida, siguió con unas partidas de cinquillo, que a Enriqueta le gusta mucho, y seguidamente la normalidad de un día se volvió en sorpresa y conmoción con toda su familia felicitándola. No faltó la tradicional tarta, donde la homenajeada tuvo que apagar sus velas, y el ramo de flores, que le regalaron los nietos, así como, el chocolate, mantecados y bebidas.

A sus ciento y un años, Enriqueta se encuentra extraordinariamente bien de salud, tal como lo atestiguó su médico de cabecera el año pasado, cuando revisando los resultados de una analítica que le prescribió, le comentó que la enmarcara en un cuadro, ya que estaba mejor que todos sus hijos. No ha padecido ninguna enfermedad en toda su vida y la única salvedad es un poco de sordera y que se ayuda de una pastilla para dormir mejor por la noche y otra, de vez en cuando, para los dolores de cabeza. Ella se lo hace todo, se asea, se viste o hace su cama, entre otras cosas; además, come de todo y no se priva de nada, y ya lo tiene todo dispuesto y organizado para cuando llegue su última hora. Respecto al secreto de su larga longevidad, nos cuenta, que se debe al cariño y amor que le profesa su familia y a la unión de la misma. Así, la vitalidad y energía de esta gran mujer no tiene límites y hace tan solo cuatro años ayudó, a escondidas, a una de sus hijas a pintar, encalar, limpiar y fregar su casa.

Vida
Hija de Juan y Angustias, Enriqueta Callado Quero vino al mundo en Porcuna, el 10 de diciembre de 1912, en el seno de una familia humilde. Era la segunda de seis hermanos y se crió en la calle Puertas Nuevas, donde sus padres tenían el domicilio. Con diez años ya trabajaba en las casas fregando, lavando o encalando. También iba a la aceituna con su hermano mayor, Rafael, ganando un peón entre los dos. En la juventud siguió trabajando en todas las labores conocidas del campo “menos segar”, apostilla satisfecha Enriqueta, que aprovechaba el regreso del tajo para cargar haces de ramón o leña para encender el fuego y la hornilla. Tuvo dos novios, pero el último, Juan del Pino Díaz, fue el amor de su vida con quien contrajo matrimonio a los cinco meses de noviazgo, ya que sobrevino la Guerra Civil y a él lo destinaron a Murcia, donde sirvió como auxiliar de cocina. Tenía Enriqueta 24 años cuando se casó y se trasladó a Murcia al lado de su marido. “Allí al menos la comida la tenía asegurada”, nos comenta Enriqueta y allí nació su primera hija. Terminada la contienda vuelven al pueblo pasando los peores años de su vida por las penurias, dificultades, necesidades y hambre de la posguerra. Se alojan en casa de su suegra y después de muchas fatigas y esfuerzo el matrimonio pudo comprar una casa en la calle Silera. Su marido trabajaba de sol a sol en el campo y cuando no había trabajo realizaba y componía sillas, de ahí su apodo, ‘el Silletero’. También ejerció de acomodador en los cines Rialto y Recreo de la localidad.

Cada dos años fueron naciendo los demás hijos, en total siete: Elisa, Carmen, Francisco, Juan (murió a los 2 meses), Juan, Amparo y Loli. Sin parar de trabajar en el campo, Enriqueta emigra a Madrid y allí trabaja en las labores del hogar. Más tarde trabajó en La Carolina, Córdoba y Villa del Río. De vuelta al pueblo sigue dando horas lavando, fregando o encalando en casas ajenas, para después seguir con la jornada en su propia morada. Aprovecha las temporadas de recolección de la aceituna y cuantos trabajos agrícolas puede, para sacar un jornal muy preciso para la economía familiar. No ha podido disfrutar del descanso y de la vida hasta que se jubiló.

En abril del año 2000 se queda viuda y dos años más tarde tiene que enterrar, con mucha resignación y entereza, a su hijo Juan en Barcelona, pasándolo después muy mal por la añoranza y tristeza por tal pérdida. Desde que enviudó ha estado viviendo por temporadas con todos sus hijos, aunque últimamente vive en casa de su hija menor, Loli, que al quedar también viuda, se acompañan mutuamente; sin embargo, rara es la tarde que no desfilan por allí todos sus hijos, que entre tertulias, recuerdos y el cinquillo hacen que la vida de esta centenaria mujer sea más agradable, feliz y duradera. Felicidades Enriqueta.

Álbum de fotos

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Cumpleaños centenario de Soledad Herrera Corpas

Posted by deporcuna en 21 mayo 2011

Una vida marcada por el dolor y sufrimiento por la pérdida de sus seres queridos

El pasado 10 de mayo, Soledad Herrera Corpas cumplió 100 años. Ese día fue agasajada por su familia del pueblo y amigos con regalos y canciones, aunque la celebración familiar completa se realizó esta Navidad, cuando pudieron juntarse los 5 nietos, 8 biznietos y sus 2 nueras, ya que algunos residen fuera de Porcuna. En el mesón del restaurante Ana Pilar fue esta celebración, donde Soledad se desplazó a pie desde su morada en la Carrera de Jesús. A parte de la comida no faltó la tarta centenaria con sus velas, que tuvo que apagar la homenajeada como manda la tradición, ni el ramo de flores que le regalaron los presentes. Después de la comida, Soledad fue paseada en coche por algunas calles del pueblo, tal como ella quería, visitando el barrio e iglesia de San Benito, barrio de Albaicín, plaza de San Juan o calle Albercón entre otras. Un día inolvidable para ella y su familia.

Acompañado por su nieto Enrique y su nuera Lola, Soledad nos recibe sentada en su sillón frente a la ventana del antepecho de su piso en la Carrera de Jesús, en que vive desde hace 45 años. Con semblante amable y vivaz, Soledad se conserva excelentemente con un cutis suave y reluciente que no delata su edad. Desde su mirador ha oteado esta céntrica e importante vía de la localidad, por donde ve pasar todos los acontecimientos y vida social de Porcuna. Y aunque la vista y el oído le fallan un poco, no pierde detalle del devenir de su ciudad. Con una lucidez y memoria prodigiosa, le encanta componer poesías y leer a diario, más que ver la televisión. Sus lecturas favoritas son novelas y escritos relacionados con la iglesia, ya es muy cristiana y católica practicante, como ella bien asevera. Y aunque la aflicción va por dentro, se le nota una entereza y perseverancia ante la vida enorme, con ojos brillantes y ganas de hablar constantemente. En uno de sus poemas resume su vida: “Me case con veinte años, mi marido veintitrés, / a los veinticinco años yo viuda me quedé, / con tres hijos como soles, el más chico con un mes. / Cuando los tuve casados se me murieron los tres. / Mi vida como veréis más triste no puede ser. / De sufrir nadie se muere, por experiencia lo sé. / Hoy cumplo los cien años y todavía estoy en pie”.

Soledad herrera nació en 1911 en el número 46 de la calle Altozano. Allí se crió con sus padres, Enrique Herrera Pérez y Providencia Corpas Cobo, y sus 8 hermanos. Recuerda que tuvo una infancia buena y feliz, y su padre tenía una confitería grande e industrial en uno de los casinos del pueblo. Cuando tenía 5 años la familia se trasladó a la Carrera de Jesús y a los 13 años a la actual plaza Porcuna por la Paz, y allí transcurrió su adolescencia y juventud inmersa en las labores del hogar hasta que se casó. Nos comenta muy dicharachera y risueña que con su buena presencia tuvo varios pretendientes, pero eligió el que más le gustó, José Vallejo. Este mozo regentaba un comercio y aunque era maestro, apenas ejerció el magisterio salvo esporádicamente dando clases particulares. Soledad y José se casaron el 17 de septiembre de 1930 y fruto del matrimonio nacieron sus tres hijos varones, Emiliano, Enrique Benito y José. Pero la desgracia vino con la guerra. Una bomba caída en el pueblo segó la vida de su marido. Viuda y con tres hijos muy jóvenes a su cargo la posguerra fue dura. Se fue a vivir con su madre y su hermana Araceli, con las que estuvo hasta que fallecieron, primero su madre y recientemente su hermana, con la que ha pasado casi toda su vida. Tuvo la suerte de abrir un estanco lo que remedió su situación y donde trabajó constantemente hasta su jubilación. Ello le permitió sacar adelante su familia de manera holgada. Aunque la vida le deparaba más sufrimiento y dolor, ya que con el transcurso de los años tuvo que enterrar a todos sus hermanos y a sus tres hijos.

Cien años dan para mucho y Soledad ha tenido que superar el padecimiento, el desconsuelo y la tristeza ante la pérdida de tanto ser querido. Aquí, tanto el cariño de su familia, como el refugio en su religiosidad han sido claves para recuperar la fuerza, la entereza y el aguante ante la desgracia. Su amor por la lectura y la poesía le han hecho y le hacen cultivar su memoria e inteligencia, y le han ayudado a mantener una vida sana, pero el secreto para llegar a cumplir 100 años está en “hacer una vida recta, sin excesos y ordenada”, nos cuenta Soledad de manera firme. Sus dos nueras, Lola y Adela, y sus nietos siempre están cerca y le dan todo el cariño del mundo para que esta afable anciana cumpla muchos años más.

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Isabel Jalón Rojas

coastal physical oceanographer