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Isabel Morente Corpas cumple 102 años rodeada de su familia

Posted by deporcuna en 1 mayo 2014

La persona más longeva de Porcuna. Contenta y lúcida, la porcunense, doña Isabel Morente Corpas festejó sus 102 años de vida, rodeada de familiares y amigos. La cumpleañera centenaria relató resueltamente que tiene muchas ganas de cumplir los 103 años y no tiene ganas de morirse, “porque la vida de ahora es más corta que la de la muerte”, comentó risueña la abuela con más edad del municipio.

La fiesta sorpresa con que le honró su familia fue el pasado viernes, 25 de abril, día de su aniversario, en la misma casa donde habita, sita en la calle Ancha de Porcuna. Asistieron 4 de sus hijos con sus respectivos cónyuges, 4 nietos, 4 biznietos, 2 sobrinos y su hermano Manuel de 96 años. También estuvieron presentes vecinos y amigos. En total unas 25 personas. No pudieron asistir 3 de los hijos, 12 nietos y 17 biznietos, que residen en Barcelona.
Rodeada del cariño de todos, tuvo que soplar las velas de la tradicional tarta y aceptó complaciente macetas para el patio (que le encantan), colonia y un camisón como regalos. Aunque el mejor regalo que recibió Isabel fue el afecto, cariño y presencia de sus familiares y amigos.

Isabel Morente Corpas nació en Porcuna, el 25 de abril de 1912, “recién terminada la parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción”, recuerda con una memoria portentosa la centenaria mujer. Hija de Juan Bautista Morente Quero y Estrella Corpas Herrador, venía al mundo en la calle Altozano, siendo la mayor de los cincos hermanos que tuvo el matrimonio. Isabel tuvo una infancia feliz y recuerda jubilosa los momentos más felices con toda su familia y los buenos días que pasaba en el cortijo de su tía. Evoca dichosa como iba, con su “sillica”, a la escuela de Pedro Casado “Sacristán” que tenía en la callejuela de la calle Torrubia, donde aprendió a leer y a escribir. Ya de joven tuvo algún pretendiente que otro, pero el amor de su vida fue Eusebio Grande Casado, el cual “se me declaró en la ventana de mi casa en una noche de lluvia de estrellas”, menciona contenta Isabel. Después de un rápido noviazgo, se casó con 23 años y se mudo a la calle Torrubia. Allí vivió el matrimonio durante siete años para después cambiarse a la calle San Cristóbal. Su marido se dedicaba al campo y ella a las labores del hogar. Tuvo 10 hijos y tres abortos. Crió a siete de ellos (Anita, Antonio, Juan, Estrella, Manolo, Eusebio y Luis Carlos) y tres fallecieron con apena 6 meses de edad (Estrella, Juan y Salud), por lo que ha tenido una vida sacrificada y dedicada en exclusivo para sacar adelante su numerosa familia. Nos cuenta que ha tenido “una vida regular”. Quizás la guerra civil y posguerra fueron los años que quisiera olvidar, aunque su familia no pasó mucha necesidad. Asimismo, el momento más amargo de su larga vida fue el fallecimiento del tercero de sus hijos, Juan, y su nieto David..
A los 50 años se cambió de domicilio a la calle Ancha y desde entonce vive aquí. Su marido falleció hace 33 años y su hijo Eusebio vive con ella a su cuidado desde ese día. “Es mi marrica y guía”, apostilla Isabel.
Con una salud de hierro, a lo largo de su vida no ha tenido dolencia alguna, salvo que pasó la fiebre de Malta antes de la guerra. Come de todo, aunque triturado, y no se priva de nada. “He tenido y tengo buena lengua, buena cabeza y buen estómago. Hasta los 96 años he hecho las labores de mi casa con toda normalidad. Mi único inconveniente es que ahora me flaquean las piernas y las manos, y tomo alguna pastilla para los dolores”, señaló. Igualmente, presume que el secreto de su dilatada existencia está “en el amor de mi familia, que siempre me he lavado con aceite de oliva y a mi vasico de vino diario”.
Esta agradable y locuaz mujer, a la que no se le ha hecho largos sus 102 años de vida, y que nunca ha puesto mala cara a nadie, como nos cuenta su nieta Ana Isabel, ahora se entretiene con la tele, la radio y el rezo de rosario. Y en esta semana, en la que el teléfono no ha parado de sonar, ha recibido multitud de felicitaciones por su cumpleaños y “eso es lo que importa, que siempre estén conmigo las personas que quiero”, refirió la agasajada, mostrando una fortaleza increíble.

¡FELICIDADES ISABEL y qué cumplas muchos más!

Álbum de fotos
(de Antonio José Torres)

 

 

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Enriqueta Callado festeja sus 101 años rodeada de toda su familia

Posted by deporcuna en 11 diciembre 2013

Una larga vida dedicada al trabajo. La porcunense Enriqueta Callado Quero cumplió ayer 101 años, aunque la celebración fue el pasado sábado para que así estuvieran presentes la totalidad de su numerosa familia.

No todo el mundo celebra 101 años y, muy pocos, disfrutarlos de manera plena. Rodeada de su inmensa familia, entre los que se encontraban sus 5 hijos, 11 nietos y 18 biznietos (solo faltaron sus 3 nietos y 4 biznietos que residen en Barcelona), medio centenar de personas festejaron, en la cochera de su hijo Francisco, sita en la calle Silera, no solo el centenario cumpleaños de Enriqueta, sino el ejemplo de energía, tesón y vitalidad de esta mujer, que con una salud de roble y con una memoria prodigiosa, ha dedicado toda su vida al trabajo para sacar adelante a su familia.

Fue una fiesta sorpresa, ya que la homenajeada no se esperaba tan ajetreado día, que comenzó con una comida, siguió con unas partidas de cinquillo, que a Enriqueta le gusta mucho, y seguidamente la normalidad de un día se volvió en sorpresa y conmoción con toda su familia felicitándola. No faltó la tradicional tarta, donde la homenajeada tuvo que apagar sus velas, y el ramo de flores, que le regalaron los nietos, así como, el chocolate, mantecados y bebidas.

A sus ciento y un años, Enriqueta se encuentra extraordinariamente bien de salud, tal como lo atestiguó su médico de cabecera el año pasado, cuando revisando los resultados de una analítica que le prescribió, le comentó que la enmarcara en un cuadro, ya que estaba mejor que todos sus hijos. No ha padecido ninguna enfermedad en toda su vida y la única salvedad es un poco de sordera y que se ayuda de una pastilla para dormir mejor por la noche y otra, de vez en cuando, para los dolores de cabeza. Ella se lo hace todo, se asea, se viste o hace su cama, entre otras cosas; además, come de todo y no se priva de nada, y ya lo tiene todo dispuesto y organizado para cuando llegue su última hora. Respecto al secreto de su larga longevidad, nos cuenta, que se debe al cariño y amor que le profesa su familia y a la unión de la misma. Así, la vitalidad y energía de esta gran mujer no tiene límites y hace tan solo cuatro años ayudó, a escondidas, a una de sus hijas a pintar, encalar, limpiar y fregar su casa.

Vida
Hija de Juan y Angustias, Enriqueta Callado Quero vino al mundo en Porcuna, el 10 de diciembre de 1912, en el seno de una familia humilde. Era la segunda de seis hermanos y se crió en la calle Puertas Nuevas, donde sus padres tenían el domicilio. Con diez años ya trabajaba en las casas fregando, lavando o encalando. También iba a la aceituna con su hermano mayor, Rafael, ganando un peón entre los dos. En la juventud siguió trabajando en todas las labores conocidas del campo “menos segar”, apostilla satisfecha Enriqueta, que aprovechaba el regreso del tajo para cargar haces de ramón o leña para encender el fuego y la hornilla. Tuvo dos novios, pero el último, Juan del Pino Díaz, fue el amor de su vida con quien contrajo matrimonio a los cinco meses de noviazgo, ya que sobrevino la Guerra Civil y a él lo destinaron a Murcia, donde sirvió como auxiliar de cocina. Tenía Enriqueta 24 años cuando se casó y se trasladó a Murcia al lado de su marido. “Allí al menos la comida la tenía asegurada”, nos comenta Enriqueta y allí nació su primera hija. Terminada la contienda vuelven al pueblo pasando los peores años de su vida por las penurias, dificultades, necesidades y hambre de la posguerra. Se alojan en casa de su suegra y después de muchas fatigas y esfuerzo el matrimonio pudo comprar una casa en la calle Silera. Su marido trabajaba de sol a sol en el campo y cuando no había trabajo realizaba y componía sillas, de ahí su apodo, ‘el Silletero’. También ejerció de acomodador en los cines Rialto y Recreo de la localidad.

Cada dos años fueron naciendo los demás hijos, en total siete: Elisa, Carmen, Francisco, Juan (murió a los 2 meses), Juan, Amparo y Loli. Sin parar de trabajar en el campo, Enriqueta emigra a Madrid y allí trabaja en las labores del hogar. Más tarde trabajó en La Carolina, Córdoba y Villa del Río. De vuelta al pueblo sigue dando horas lavando, fregando o encalando en casas ajenas, para después seguir con la jornada en su propia morada. Aprovecha las temporadas de recolección de la aceituna y cuantos trabajos agrícolas puede, para sacar un jornal muy preciso para la economía familiar. No ha podido disfrutar del descanso y de la vida hasta que se jubiló.

En abril del año 2000 se queda viuda y dos años más tarde tiene que enterrar, con mucha resignación y entereza, a su hijo Juan en Barcelona, pasándolo después muy mal por la añoranza y tristeza por tal pérdida. Desde que enviudó ha estado viviendo por temporadas con todos sus hijos, aunque últimamente vive en casa de su hija menor, Loli, que al quedar también viuda, se acompañan mutuamente; sin embargo, rara es la tarde que no desfilan por allí todos sus hijos, que entre tertulias, recuerdos y el cinquillo hacen que la vida de esta centenaria mujer sea más agradable, feliz y duradera. Felicidades Enriqueta.

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Isabel Morente Corpas cumple un siglo de vida

Posted by deporcuna en 30 abril 2012

Mi abuela, Isabel Morente Corpas, nació el 25 de abril de 1912, hija de Juan Bautista y Estrella, hermana mayor de cuatro hermanos, esposa de Eusebio Grande Casado, madre de siete hijos, abuela de dieciséis nietos y bisabuela de veinte biznietos.

Celebró su centenario cumpleaños rodeada de su familia. Ella pidió de regalo una Eucaristía de Acción de Gracias en la capilla del Colegio Santa Teresa, porque allí participó en la misa durante muchos años. Y su familia hizo su deseo realidad el pasado día 28 de abril, a las 7 de la tarde. Sintió una emoción especial y nos dijo al terminar con lágrimas en los ojos: “Es el mejor regalo, una misa con mi familia”.

Con su memoria prodigiosa nos cuenta a todos su historia vivida, con atención la escuchamos y entre bromas le decimos que nosotros también queremos vivir 100 años.  ¡MUCHAS FELICIDADES!

Su nieta: Ana Maria Montilla Grande.

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Antonio González Toribio celebra sus cien años rodeado de toda su familia

Posted by deporcuna en 29 julio 2011

Una larga vida dedicada por entero al trabajo

El pasado 18 de julio fue un día muy especial para Antonio González Toribio ya que cumplió cien años, aunque la celebración llena de emotividad fue cinco días después en el salón Inmapi de la localidad, donde sus familiares le ofrecieron una fiesta por todo lo alto. En el festejo estuvieron presentes su hija Encarni y marido, sus dos nietas y esposos, sus tres biznietos, su hermana Francisca, cuñados, sobrinos y primos. En total 45 personas acompañaron a Antonio González en su cien cumpleaños. La celebración consistió en una comida, con tarta de cumpleaños donde el homenajeado tuvo que soplar las velas de rigor. No faltó el baile, ni los regalos, ni las emotivas lecturas dedicadas con todo el cariño por parte de sus nietas y biznietos. Un día inolvidable para Antonio, que disfrutó y se emocionó ante tal agasajo y tanto afecto demostrado por su familia.

Con una memoria portentosa Antonio González Toribio, más conocido en el pueblo como Antonio “Pan Blanco”, nos cuenta que vino al mundo en Porcuna, en la casa de sus padres, Francisco y Encarna, en la calle Garrotes nº 13, hace ahora 100 años. Se crió con sus cinco hermanos en el seno de una familia humilde y campesina. De muy pequeño, con tan solo 10 años, tuvo que ayudar a su padre en la labores del campo y hasta que se jubiló este ha sido su único trabajo. La Guerra Civil le pilló de vuelta de la mili con 25 años cumplidos y la República lo llamó de nuevo a filas. Estuvo en el frente de Granada con la Brigada 24, mientras que su familia tuvo que emigrar al vecino pueblo de Torredonjimeno durante la contienda. Terminada la guerra regresó a Porcuna sin problema alguno. Con 32 años conoció al amor de su vida, María del Carmen Huertas González, con la que entabló un largo noviazgo de diez años hasta que se casó con ella. Fruto del matrimonio nació su única hija, Encarni, que es ahora su sostén y cuidadora viviendo a su amparo en el número 36 de la calle San Benito.

Su vida ha estado marcada por el trabajo de sol a sol en el campo, teniendo la suerte de trabajar las tierras de la familia Gallego-Montilla junto con su hermano Manuel, por lo que nunca le ha faltado un jornal que llevar a su casa, y así hasta que se jubiló. Una vez jubilado el casino y su familia han sido sus distracciones, aunque desde hace dos años apenas sale ya de la casa debido a problemas de movilidad, “las piernas ya me fallan”, pero siempre está dispuesto para echar una mano a la familia. Sus nietas y después sus biznietos han sido su pasión. A ellos les ha dedicado y dedica su tiempo, apoyándoles en sus estudios y deberes, como enseñarles la tabla de multiplicar. Así mismo, Antonio no ha dejado de lado la vida social, porque sus amigos y familia lo visitan casi a diario en su domicilio pasando revista a la actualidad y recordando las vivencias de su largo pasado.

Como él dice, “la vida me ha tratado bien y el trabajo del campo, al cual siempre he dominado (y no al revés), ha sido mi único valor, sin olvidar de hacer siempre el bien”. Comenta que “la vida es suerte” y a él le ha tocado esa suerte: suerte de tener una maravillosa familia que ahora lo mima, suerte de no faltarle el trabajo en su vida laboral, y éste la ha dado la salud de roble que siempre ha tenido. Con su tez clara, que no delata su edad, este apacible y buen hombre, con sonrisa dulce en su cara, nos confiesa que aquí radica el secreto de su longeva edad, “trabajar, no molestar y valerse por sí mismo”. Felicidades Antonio, y que cumplas así muchos años más.

Fotos de Anto Saco.

Álbum de fotos

 Textos dedicados por sus nietas

PAPATONIO

En el día de tu cumpleaños
todo lo mejor te debe acompañar
ya que Dios le da esa gracia
a solo aquel que sabe amar.

Es un hermoso día, un nuevo
amanecer, un año más de vida
en esta lucha que aprender.

Es tu cumpleaños razón de festejar,
ilusión de seguir viviendo
unos cuantos años más.

Mucha alegría y paz en tu alma
deber estar, no dejes que la tristeza
invada ese lugar, pues hoy
es día de reír y cantar.

En el día de tu cumpleaños
que más te podemos desear
que no sea amor y mucha felicidad.

De tu nieta Anto.

PARA NUESTRO ABUELO

PAPA ANTONIO: Desde nuestro corazón te queremos dedicar estas palabras.

Por ser tan buen padre, tan buen abuelo y tan buen bisabuelo. Por enseñarnos junto a nuestros padres en nuestra niñez. Por comprendernos en nuestra adolescencia y por ayudarnos en nuestra etapa adulta. Por enseñarnos a ser personas sencillas, buenas y generosas. Por compartir los buenos momentos que han sido muchos, y a tomar con entereza los malos, que también ha habido algunos. Y por darnos siempre todo lo que has podido.

Por eso, en este día tan especial te queremos agradecer todo el cariño que nos has dado y por todo lo que has luchado durante toda tu vida para que todos tuviéramos un bienestar. Por todo ello “Te queremos”.

Tu nieta Encarni.

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La ilusión de soplar 105 velas

Posted by deporcuna en 23 junio 2011

Recorte de prensa de Diario Jaén (22/06/2011), pág. 10

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Cumpleaños centenario de Soledad Herrera Corpas

Posted by deporcuna en 21 mayo 2011

Una vida marcada por el dolor y sufrimiento por la pérdida de sus seres queridos

El pasado 10 de mayo, Soledad Herrera Corpas cumplió 100 años. Ese día fue agasajada por su familia del pueblo y amigos con regalos y canciones, aunque la celebración familiar completa se realizó esta Navidad, cuando pudieron juntarse los 5 nietos, 8 biznietos y sus 2 nueras, ya que algunos residen fuera de Porcuna. En el mesón del restaurante Ana Pilar fue esta celebración, donde Soledad se desplazó a pie desde su morada en la Carrera de Jesús. A parte de la comida no faltó la tarta centenaria con sus velas, que tuvo que apagar la homenajeada como manda la tradición, ni el ramo de flores que le regalaron los presentes. Después de la comida, Soledad fue paseada en coche por algunas calles del pueblo, tal como ella quería, visitando el barrio e iglesia de San Benito, barrio de Albaicín, plaza de San Juan o calle Albercón entre otras. Un día inolvidable para ella y su familia.

Acompañado por su nieto Enrique y su nuera Lola, Soledad nos recibe sentada en su sillón frente a la ventana del antepecho de su piso en la Carrera de Jesús, en que vive desde hace 45 años. Con semblante amable y vivaz, Soledad se conserva excelentemente con un cutis suave y reluciente que no delata su edad. Desde su mirador ha oteado esta céntrica e importante vía de la localidad, por donde ve pasar todos los acontecimientos y vida social de Porcuna. Y aunque la vista y el oído le fallan un poco, no pierde detalle del devenir de su ciudad. Con una lucidez y memoria prodigiosa, le encanta componer poesías y leer a diario, más que ver la televisión. Sus lecturas favoritas son novelas y escritos relacionados con la iglesia, ya es muy cristiana y católica practicante, como ella bien asevera. Y aunque la aflicción va por dentro, se le nota una entereza y perseverancia ante la vida enorme, con ojos brillantes y ganas de hablar constantemente. En uno de sus poemas resume su vida: “Me case con veinte años, mi marido veintitrés, / a los veinticinco años yo viuda me quedé, / con tres hijos como soles, el más chico con un mes. / Cuando los tuve casados se me murieron los tres. / Mi vida como veréis más triste no puede ser. / De sufrir nadie se muere, por experiencia lo sé. / Hoy cumplo los cien años y todavía estoy en pie”.

Soledad herrera nació en 1911 en el número 46 de la calle Altozano. Allí se crió con sus padres, Enrique Herrera Pérez y Providencia Corpas Cobo, y sus 8 hermanos. Recuerda que tuvo una infancia buena y feliz, y su padre tenía una confitería grande e industrial en uno de los casinos del pueblo. Cuando tenía 5 años la familia se trasladó a la Carrera de Jesús y a los 13 años a la actual plaza Porcuna por la Paz, y allí transcurrió su adolescencia y juventud inmersa en las labores del hogar hasta que se casó. Nos comenta muy dicharachera y risueña que con su buena presencia tuvo varios pretendientes, pero eligió el que más le gustó, José Vallejo. Este mozo regentaba un comercio y aunque era maestro, apenas ejerció el magisterio salvo esporádicamente dando clases particulares. Soledad y José se casaron el 17 de septiembre de 1930 y fruto del matrimonio nacieron sus tres hijos varones, Emiliano, Enrique Benito y José. Pero la desgracia vino con la guerra. Una bomba caída en el pueblo segó la vida de su marido. Viuda y con tres hijos muy jóvenes a su cargo la posguerra fue dura. Se fue a vivir con su madre y su hermana Araceli, con las que estuvo hasta que fallecieron, primero su madre y recientemente su hermana, con la que ha pasado casi toda su vida. Tuvo la suerte de abrir un estanco lo que remedió su situación y donde trabajó constantemente hasta su jubilación. Ello le permitió sacar adelante su familia de manera holgada. Aunque la vida le deparaba más sufrimiento y dolor, ya que con el transcurso de los años tuvo que enterrar a todos sus hermanos y a sus tres hijos.

Cien años dan para mucho y Soledad ha tenido que superar el padecimiento, el desconsuelo y la tristeza ante la pérdida de tanto ser querido. Aquí, tanto el cariño de su familia, como el refugio en su religiosidad han sido claves para recuperar la fuerza, la entereza y el aguante ante la desgracia. Su amor por la lectura y la poesía le han hecho y le hacen cultivar su memoria e inteligencia, y le han ayudado a mantener una vida sana, pero el secreto para llegar a cumplir 100 años está en “hacer una vida recta, sin excesos y ordenada”, nos cuenta Soledad de manera firme. Sus dos nueras, Lola y Adela, y sus nietos siempre están cerca y le dan todo el cariño del mundo para que esta afable anciana cumpla muchos años más.

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María de los Santos cumple 100 años

Posted by deporcuna en 3 octubre 2009

Una vida marcada por el trabajo y el dolor.

La tarde del pasado domingo, 26 de septiembre, una inmensa fiesta se celebraba en la casa número 31 de la calle Sánchez de Porcuna. Y no era para menos, ya que su inquilina, María de los Santos Martos Morales, celebraba su 100 cumpleaños junto a su familia, aunque la fecha exacta de su centenario fue el 19 de septiembre.

Santos, como la conoce todo el mundo, “con los ojos claros como la mañana, con sus cabellos dorados, moño respingón, tez pálida y clara, con su bata y mantón” (así la describía Vicente, uno de sus biznietos que le dedico una emocionante poesía), estaba repleta de felicidad rodeada de sus cuatro hijos: Manuela, Sole, Rosa y Juan. También estuvieron presentes cinco nietos, del total de once que tiene, con sus respectivos cónyuges y otros tantos biznietos, así como un sobrino venido de Córdoba. Yernos, vecinos y demás familia completaban los asistentes del feliz acontecimiento. En total más de 20 personas, que no quisieron perderse esta centenaria conmemoración, en la que Santos tuvo que soplar y apagar, ayudada por su familia, una tarta con tres velas con los números que formaban el centenar de sus años. La fiesta concluyó después de saborear una merienda-cena.

Hace cien años, Santos nacía en Porcuna en el seno de una humilde familia. Su madre se llamaba Rosa y su padre, Pablo, era zapatero. Era la mayor de 7 hermanos, por lo que le tocó criarlos a todos ellos hasta que se casó, un poco antes de la guerra. Contrajo matrimonio con Daniel Delgado Palomo, que era arriero. Su primer hijo murió antes de que estallara la Guerra Civil, marchando la familia entera hacia Jaén mientras duró el conflicto. El marido y los dos hermanos mayores tuvieron que salir para el frente quedándose ella al cargo de toda la familia. Fueron tiempos de penurias y de dolor. Tuvo que enterrar a otros dos hijos más durante la contienda. Terminada la guerra vuelven a Porcuna. De nuevo el dolor acompaña la vida de esta mujer al morir otra hija. Pero el matrimonio no desiste en formar una familia y al final tuvieron otros cinco hijos que sacaran adelante con mucho esfuerzo y trabajo, aunque uno de ellos, Daniel, falleció, no hace mucho.

El matrimonio y los hijos vivieron en la calle Santana hasta 1946, que se trasladaron a la calle Pava durante 3 años, para volver a cambiar de domicilio a la calle Sánchez fijando desde entonces allí su residencia. Aunque, sin dejar su morada, a los 40 años de edad, Santos junto con su marido y prole, estuvieron viviendo unos 8 años en una casería en el Vélez, en la afueras del pueblo, por motivos de trabajo, ya que Daniel se quedó en arriendo con dicha hacienda. Santos trabajó allí en la siembra y recogida del algodón y matalahúva, y venía al pueblo todos los días para vender los productos del campo, sobre todo frutas, que traía su marido de otros pueblos.

Una vez que pudo casar a todos sus hijos, cuatro de ellos tuvieron que emigrar, quedando en el pueblo solo su hija mayor, Manuela.

Quedó viuda en 1986 y desde entonces vive sola con la compañía de esta hija que ha sido su sostén. Sin embargo, a partir de los 80 años de edad, Santos vive por temporadas con todos sus hijos, por lo que se traslada fuera del pueblo cuando le toca. Pero desde hace dos años, tras una arritmia, tuvo que postrarse en cama en su domicilio de la calle Sánchez. Ahora son los hijos los que se trasladan a Porcuna para turnase en su cuidado. Y allí sigue, con muchos ánimos y rezándole todos los días a San Benito y la Virgen de Alharilla, patrones de Porcuna.

Siempre ha tenido una excelente salud, perturbada solo por dos intervenciones quirúrgicas (apéndice y vesícula) y por algunos achaques, como las jaquecas. Según ella nos contaba, su secreto para llegan a esta edad centenaria “fuerte y primorosa” ha sido el trabajo y la actividad. Todo un ejemplo de desvelo, sacrificio y tesón. Felicidades.

Álbum de fotos

Fotografías gentileza de Foto-Estudio Moreno

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Isabel Jalón Rojas

coastal physical oceanographer